Sin hablar 25 minutos, pero no solo. El vídeo empieza como en cualquier sesión. El micrófono lo apagas tú, cuando quieras: aquí el silencio es la norma, no la excepción.
En una sesión silenciosa no hay nada que decir: dos personas trabajan en la misma videollamada, micrófono apagado, cada una en lo suyo. El vídeo sigue encendido toda la sesión, como en cualquier sesión aquí; el micrófono, en cambio, puedes tenerlo apagado de principio a fin. Si no quieres la cámara en la cara, puedes apuntarla al escritorio.
No está pensada para hablar: está pensada para estar. Quien prefiere el silencio lo encuentra ya como norma, no como una excepción que justificar.
El botón está, así que sí, para el momento que lo necesites: está pensado para cuando llaman a la puerta o entra alguien en la habitación, no para hacer toda la sesión con la cámara apagada, porque una sala donde nadie se ve ya no es un coworking. El micrófono sí: puedes tenerlo apagado de principio a fin, y aquí es lo más normal del mundo. Si no quieres la cámara encendida, el temporizador y el modo «Solo» no abren ninguna videollamada.
No hace falta decirlo: en la sesión cada uno trabaja en lo suyo, en silencio o hablando, sin necesidad de explicaciones.
No, es la misma reserva que cualquier franja: el silencio es una elección que haces dentro de la sesión, no un tipo de sesión aparte.