No te falta tiempo. Te falta una forma de aprovechar los veinticinco minutos que llegan. La ventana se abre sin avisar: se ha dormido, han salido, ha venido la abuela. Puedes entrar enseguida en la próxima franja libre, sin esperar a una hora reservada con antelación.
Quien tiene hijos pequeños no trabaja en bloques largos: trabaja en los huecos, diez o treinta minutos entre una siesta y una salida. El problema no es que sean pocos: es que a menudo se van en decidir qué hacer con ellos.
Una sesión de veinticinco minutos cabe en esa ventana sin que sobre nada. Y la suma del final de la semana ya no la hace la memoria: la hace el registro.
No siempre en ese mismo instante: si todavía no hay nadie, durante los primeros 5 minutos buscamos a alguien mientras trabajas. Si no llega nadie, eliges tú: seguir con un compañero virtual, y si te quedas hasta el final la sesión cuenta entera, buscar a una persona en el siguiente cuarto de hora, o salir. Reservar con antelación a una hora fija sigue siendo la opción con más probabilidades de encontrar a alguien ya allí.
Sí, puedes salir de la sesión en cualquier momento: los minutos que ya has trabajado siguen siendo tuyos en el registro.
No: hay una franja cada cuarto de hora, todo el día, y puedes entrar incluso pocos minutos antes.